El pequeño vendra a ser mil, el menorun pueblo fuerte (Isaías 60:22)
Recordamos a Moisés el gran emancipador, legislador, profeta y dirigente. Olvidamos a Aarón su hermano, que sirvio de portavoz ante faraon. Recordamos José, el rubio soñador que gano fama y fortuna en el rono de faraón y que salvo del hambre a su familia. Olvidamos aJudá y Rubén y a sus otros hermanos que cuidaron a su padre y a la casa de Israel y los condujeron a salvo a Egipto. Recordamos a Abraham, el valiente fundador de la nueva fe. Olvidamos a su esposa Sara, su compañera y colaboradora, que tambien se sacrificó y sufrió. Recordamos a Rut, pero olvidamos a Noemí. Recordamos a Divid pero olvidamos a Jonatán.
Hace algunos años una dama se me acercó al finalizar una reunión y me dijo:
-Quisiera haber tenido un llamado del Señor para el campo misionero. Mi vida ha sido inutil y monotona. Paso los días en un trabajo fastidioso que rinde poco.
Durante una conversación detenida con ella, me dio a entender que era un fiel obrera en su iglesia, y que su vida en la comunidad había inspirado a muchos a llevar una vida abundante y fructufera.
Para ser hermosa, una vida no necesita ser grande. Puede haber tantan belleza en una pequeña flor como en un arbol majestuoso, en una pequeña gema como en una gran joya. Una vida puede ser muy hermosa y ser insignificante a los ojos del mundo. Una vida hermosa cumple una misión en el mundo, es decir, aquello para lo cual Dios la hizo. Aquellas persona que tienen dones comunes corren el peligro de pensar que no pueden llevar una vida hermosa, que no pueden ser una bendición eb este mundo. Pero la vida más pequeña y que ocupa l lugar que le corresponde es mucho más hermosa a los hojos de Dios que la más grande y la más esplendida dorada y que no cumple su misión divina
Es mucho mejor el pájaro más bajo que canta al Creador la canción más simple, que el serafín extraviado que canta mal la gloria de Dios.
Sra. de Cowman.