miércoles, 6 de agosto de 2008

6 de agosto

El pequeño vendra a ser mil, el menorun pueblo fuerte (Isaías 60:22)
Recordamos a Moisés el gran emancipador, legislador, profeta y dirigente. Olvidamos a Aarón su hermano, que sirvio de portavoz ante faraon. Recordamos José, el rubio soñador que gano fama y fortuna en el rono de faraón y que salvo del hambre a su familia. Olvidamos aJudá y Rubén y a sus otros hermanos que cuidaron a su padre y a la casa de Israel y los condujeron a salvo a Egipto. Recordamos a Abraham, el valiente fundador de la nueva fe. Olvidamos a su esposa Sara, su compañera y colaboradora, que tambien se sacrificó y sufrió. Recordamos a Rut, pero olvidamos a Noemí. Recordamos a Divid pero olvidamos a Jonatán.
Hace algunos años una dama se me acercó al finalizar una reunión y me dijo:
-Quisiera haber tenido un llamado del Señor para el campo misionero. Mi vida ha sido inutil y monotona. Paso los días en un trabajo fastidioso que rinde poco.
Durante una conversación detenida con ella, me dio a entender que era un fiel obrera en su iglesia, y que su vida en la comunidad había inspirado a muchos a llevar una vida abundante y fructufera.
Para ser hermosa, una vida no necesita ser grande. Puede haber tantan belleza en una pequeña flor como en un arbol majestuoso, en una pequeña gema como en una gran joya. Una vida puede ser muy hermosa y ser insignificante a los ojos del mundo. Una vida hermosa cumple una misión en el mundo, es decir, aquello para lo cual Dios la hizo. Aquellas persona que tienen dones comunes corren el peligro de pensar que no pueden llevar una vida hermosa, que no pueden ser una bendición eb este mundo. Pero la vida más pequeña y que ocupa l lugar que le corresponde es mucho más hermosa a los hojos de Dios que la más grande y la más esplendida dorada y que no cumple su misión divina
Es mucho mejor el pájaro más bajo que canta al Creador la canción más simple, que el serafín extraviado que canta mal la gloria de Dios.
Sra. de Cowman.

martes, 5 de agosto de 2008

5 de agosto

Las inscrutables riquezas de Cristo (Efesios 3:8)
Mi Maestro tiene riquezas que las matemáticas no pueden calcular, que la razón no puede medir y que sobrepasa los sueños de la imaginación mas fértil y la elocuencia de las palabras. ¡Son inescrutables! Puedes observar, pensar y estudiar, pero Jesús es un Salvador mayor de lo que te imaginas cuando tus pensamientos son más optimistas. Mi Señor está más listo para perdonar que tu para pecar. Tiene más poder para perdonar que el poder que tienes para transgredir sus leyes. Mi Maestro está más dispuesto a satisfacer tus necesidades que la disposición que muestras a comunicárselas. No toleres los pensamientos que piden poco de mi Señor Jesús. Cuando lo coronas, le estás colocando solamente una corona de plata cuando El merece una corona de oro. Mi Maestro tiene riquezas de felicidad para otorgarle ahora. El puede hacerte yacer junto a aguas de reposo y pastorearte en lugares de delicados pastos. No hay música como la que procede de su flauta, cuando eres su oveja y te echas a los pies del Pastor. No hay amor como el suyo. Ni la tierra ni los cielos lo podrán igualar. Conocer a Cristo y ser hallados en El ¡es vida!, ¡es gozo! Es medula y grosura, vino bien refinado. Mi Maestro no trata a sus siervos con rudeza. El regala a los suyos, como un rey regala a otro rey. El les da dos cielos. Uno de servicio acá en la tierra, y un cielo allí arriba para deleitarnos en su presencia para siempre. Sus riquezas inescrutables las conoceremos mejor en la eternidad. En tu camino al cielo te dará lo que necesitas. Tu lugar de defensa serán las rocas, el pan te será dado, y el agua estará asegurada. Pero allá oirás el canto de los que han triunfado, el bullicio de los que están en el festín y verás cara a cara al Glorioso y Amado. ¡Las inescrutables riquezas de Cristo! Esta es la tonada de los trovadores en la tierra y el canto de las arpas celestiales. Señor, enseñamos más y más de Cristo y daremos las buenas nuevas a otros.
C. H. Spurgeon (De lecturas y vespertinas)

domingo, 3 de agosto de 2008

3 de agosto

Me ha enviado a vendar a los quebrantados de corazón, a proclamar libertad a los cautivos, y a los presos abertura de cárcel... a consolar a todos los enlutados. (Isaías 61:1-2)
Has buscado mis ovejas en el desierto, aquellas que se han descarriado? ¿Has estado en los lugares desiertos y desolados donde se hallan las ovejas perdidas y errabundas? ¿Has transitado por los caminos y por las calles sucias y oscuras? Si así lo has hecho, puede ser que en la luz del crepúsculo hayas podido ver la huella de mis pies heridos.
¿Has llevado el agua viva al alma abrasada por la sed? ¿Le has dicho al enfermo y al herido que Cristo Jesús les puede sanar? ¿Les has hablado a mis hijos desfallecientes de la fortaleza del brazo de su Padre? ¿Has guiado sus pasos vacilantes hacia las playas de la Tierra Dorada?
¿Te has detenido junto al triste y angustiado? ¿Has suavizado la almohada al moribundo? ¿Has consolado al débil en la fe y al afligido? Y cuando la gloria entra a raudales por la puerta abierta y traspasa las sombras ¿Te has dado cuenta que yo también pasé por eso?
¿Has llorado con el quebrantado que agoniza en su infortunio? Si así lo haces, me oirás decir: "Por estos caminos transito yo"-
"Dios no nos consuela para darnos comodidad, sino para que seamos consoladores".
J. H. Jowett.

viernes, 1 de agosto de 2008

2 de agosto

Porque nosotros somos colaboradores de Dios (1a Corintios 3:9)
Una mañana, mucho antes que el carpintero llegara al taller, la herramientas del carpintero decidieron tener una conferencia para considerar algunos problemas que se estaban presentando en su trabajo. El primero que ocupó el banquillo de los acusados fue el hermano Martillo. La junta le informo que tendría que renunciar porque hacia demasiado ruido en su trabajo.
-Pero - se defendió- si tengo que salir el taller del carpintero, también debe irse el hermano Barreno porque es muy insignificante y causa muy poca impresión.
El pequeño hermano Barreno se puso en pie y dijo:
-Esta bien, pero también debe irse el hermano Tornillo. A él hay que darle vuelta tras vuelta y no se llega a ninguna parte.
El Hermano tornillo dio entonces:
-Si ustedes así lo quieren, me iré, Pero el hermano Cepillo también debe irse; su trabajo es superficial y no hace nada de profundidad. A esto el hermano Cepillo replicó:
-Bueno, también tendrá que retirarse la hermana Regla si yo me retiro. Siempre está midiendo a los demás como si fuera la única que esta en lo correcto.
La hermana Regla se quejo de la hermana Lija y dijo:
-No importa que sea mas aspera que lo que debe ser, pero siempre esta tratando de un modo poco amable a la gente.
En medio de la discusión, entró el carpintero de Nazaret, antes de lo esperado. Había ido a trabajar como todos los días. Se puso el delantal y se acerco al banco para hacer el púlpito. Usó el tornillo, el barreno, la lija, el serrucho, el martillo, el cepillo y todas las otras herramientas. Terminadas las labores del día y el púlpito, se levantó el hermano Serrucho y dijo:
-Hermanos, ¡Me he dado cuenta que somos colaboradores de Dios!
¿Habrá entre tus conocidos alguien que no cumpla sus deberes en la forma que piensan deberían hacerse? Seria bueno pensar dos veces antes de criticar o hallar falta en alguno de los instrumentos que Dios usa para el progreso de su obra aquí en la tierra. Si un juicio egoísta contra uno de los instrumentos de Dios hace que éste sea removido de su trabajo, ¿quien será el culpable de la dilación de la obra de Dios?

1 de agosto

Porque todo es vuestro... y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios. (1a. Corintios 3:21,23)
Todos es tuyo, ¿puedes creerlo?
Todo es tuyo, ¿puedes aceptarlo?
El mar, el aire, el cielo,
las bellezas que hay doquiera,
la maravillosa naturaleza,
¡Todo es tuyo!
Todo es tuyo, riqueza sin medida
en este mundo, y en la eternidad.
Cada rama en flor por el viento mecida
cada lluvia que la naturaleza prodiga,
¡Todo es tuyo!
Y cuando el sol indica que el dia termina
y las sombras caen sobre nuestra vida,
dile en un susurro al Divino Salvador:
"Tu sabes, soy tuyo, amado Señor"
Jean Newberry
Señor, concede que mis ojos puedan ver, para que no ocurra lo que a la mayoria, que cuando pasen frente al Calvario de un prójimo piensen que es una colina cualquiera.

domingo, 27 de julio de 2008

28 julio

Si caminas paso a paso, el camino se abrirá delante de ti (proverbios 4:12)
Jehová te pastoreará siempre (Isaías 58:11)
Padre e hijo acamparon en una región boscosa a corta distancia de un pueblito. El padre quería echar una carta al correo. Le pidió al hijo que la llevara, y lo condujo hasta el sendero que le llevaría hasta el pueblo.
- Pero, papá -dijo el muchachito -, ¿como puede ese camino llevarme al pueblo?
El padre le tomo la mano y, levantándola con la suya, le indico un lugar a la distancia.
- ¿Ves al final del sendero ese árbol grande?
- Si, señor. Veo el sendero que llega hasta allá, pero ¡allí no está el pueblo!
- Bien, cuando hayas llegado a aquel árbol, verás la curva y el camino que desciende un poco. Camina hasta el árbol y sigue el sendero hasta que llegues a la curva siguiente, continúa hasta que veas algunas casas. Cuando llegues a las casas, vas a ver el correo. Allí puedes echar la carta.
No sé cuándo dejaré este paisaje familiar, ni hacia donde iré. Pero sé que El está aquí, estará allá y durante el camino me acompañará. Cuando parta de lo que conozco hacia aquel vasto lugar desconocido, aunque vaya tarde o temprano, sé que no iré solo.
El amor de Dios con frecuencia quita de nuestra vista el resto del camino de la vida. Nos lo revela paso a paso, y curva por curva. Por eso es necesario que confiemos en su dirección, porque El ve más allá de la curva. El sabe lo que hay más adelante y sabe si podremos hacer frente a una situación ahora o más adelante. El consulta nuestros deseos, como Padre sabio y amante. Las curvas no son el final del camino. Han sido puestas para disciplinar nuestra fe, para enseñarnos la paciencia de caminar paso a paso y hacernos aptos para la bendición. Debido a lo limitado de nuestra visión, debemos buscar continuamente la dirección del Señor.

sábado, 26 de julio de 2008

27 julio

Por Jehová son ordenados los pasos del hombre (Salmo 37:23)
Tenemos la más completa seguridad que Dios guia a sus hijos en todas las cosas. El puede transmitirnos sus pensamientos acerca de este acto particular o sobre aquel movimiento. De otro modo, ¿donde estaríamos? ¿como podríamos seguir avanzando? ¿en que forma podríamos regular nuestros movimientos? ¿estamos aquí para ser llevados de un lado y otro por las corrientes de las circunstancias? ¿nos guia la ciega casualidad? ¿nos guían nuestros propios impulsos?
Gracias a Dios, no es así. El, a su propia manera, puede darnos la seguridad de cual es su voluntad en cada caso, y sin esa certeza no deberíamos dar un solo paso. Nuestro Señor Jesucristo (¡toda honra sea a su Nombre sin par!) puede revelar sus intenciones más intimas a sus siervos, en cuanto al lugar donde deben ir, y lo que tienen que hacer. Ningún siervo verdadero pensara en moverse o actuar sin aquella intimación. No debemos movernos en forma insegura. ¡Si no estamos seguros, quedémonos quietos y esperemos! Con frecuencia ocurre que nos angustiamos e impacientamos por movimientos que Dios no ha ordenado.
Una persona dijo una vez a un amigo:
- Me siento completamente perdido, y no se que camino tomar.
- Entonces no tomes ningún camino -fue la sabia respuesta del amigo.
El guiara al manso en sus juicios y les mostrara el camino. No debemos olvidar esto. -C. H. Mackintosh.
Hace muchos años, un ministro a cargo de un circuito visito una de sus iglesias en un lugar apartado. Cuando iba a regresar, se dio cuenta que tendría que hacerlo en plena oscuridad. Un miembro de la congregación, acostumbrado a la vida en los bosques y a las caminatas nocturnas, le dio una antorcha de pino tea. El ministro estaba seguro que se le apagaría.
- Le va a alumbra todo el camino hasta su casa -declaró muy confiado el montañés.
- Pero el viento me la va a apagar -replicó insistentemente en ministro.
- Llegará alumbrando hasta su casa -fue la respuesta.
- ¿Y si llueve?
- Llegará alumbrado hasta su casa.
Y así fue. El hombre del bosque estaba habituado a usar esa luz y sabía que era digna de confianza. Dios es nuestra luz. Los que han experimentado esta luz saben que nos alumbrará hasta llegar a nuestro destino.